Capítulo 1 : ¡Amigos ayudenme! Una cobaya me ha engañado.

Posted on julio 29, 2010

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Zoiberg dixit.

El mundo es un lugar habitado por estúpidos que gobiernan estúpidos, dónde algunos vivimos intentando que se nos salpique lo menos posible bajo el manto protector de la idiotez.

Nikibateado dixit.

ESTUPIDO vs IDIOTA

El mundo está lleno de gente y de estúpidos. Por todas partes. Su omnipresencia llega hasta el último rincón de este patético universo, siendo capaces de aparecer de entre la maleza en una campa un solitario y silencioso día de julio, con su música estúpida, sus bailes estúpidos, sus coches estúpidos y su educación estúpida. El estúpido lo es más en grupo, en presencia de gente inteligente o (los inteligentes no siempre son idiotas, nadie es perfecto) es un ser asustadizo y cobarde.

Es extraño pero el estúpido parece no ser consciente de su estupidez. Campa a sus anchas bailoteando en hordas junto a sus congéneres, dándose palmadas en la espalda y sonriéndose unos a otros. Molesta al resto de la humanidad y es incapaz de darse cuenta de que lo está haciendo. Uno de los lugares preferidos de estos seres son los transportes públicos, o por lo menos son los sitios dónde más notables son. Suelen sentarse a tu lado (ya sea en un autobus, en un metro o en un ten) y comienzan a hablar a gritos con alguno de sus compinches que está al otro lado del vehículo. Obviamente sabe que está molestando; toda persona que no tenga un zurullo como cerebro es consciente de que gritar conlleva un aumento de los decibelios que emite la voz y que una subida considerable es molesta para el oido ajeno ya que los sonidos altos perturban la paz y la tranquilidad del que no quiere ser molestado. Pero ellos a lo suyo: “¡El otro día le gané al Toño 4-0 al pro! je je je, ven luego a mi casa y te doy una paliza, maricón.”

Los estúpidos no son felices. No pueden serlo. Un ignorante puede ser feliz, ya que no sabe que es la felicidad por que la confunde el placer. Pero un estúpido además de ignorante (e inculto) es estúpido, y eso conlleva un alto grado de sufrimiento. Quieren ser otra persona, se odian a sí mismos, de ahí que quieran suplir su falta de personalidad. Están podridos por dentro. Y no es que paguen su infelicidad con los demás, para eso hace falta inteligencia, intentan compartir su torpe concepto de alegría con su extremo afán de protagonismo. Imagino a ese estúpido que llega a casa se encierra en su cuarto y después de intentar ligar por internet con la chica que le gusta vacilándola y llamándola gorda, sentarse en la cama y llorar. Mientras escucha reggaetón.

La estupidez no conoce razas, culturas, estilos de vida, sexos, condiciones sexuales, religiones, modas, edades (aunque suele iniciarse en la adolescencia siendo este un periodo sensible), nivel económico e incluso nivel cultural (existe gente culta y tremendamente estúpida). Da igual ser cani, emo, punk, pijo, o cantaor de flamenco que pela gambas con el sobaco en sus ratos libres, la estupidez puede correr por las venas de cualquiera.

Hay que exterminar estúpidos. En este caso en concreto soy un firme defensor de la eugenesia (y supongo que por lo menos uno de mis lectores también), al más puro estilo Henry Herbert Goddard, pero con serruchos poco afilados, esto es, castrar a los estúpidos para evitar su descendencia. Montaría parques de atracciones donde los niños de 2 a 5 años (las personas más idiotas y más inteligentes del planeta) pudieran practicar puntería con este tipo de gente, mini-hachas, mini-cuchillos y mini-sables estarían al servicio de pequeñas y justicieras manitas.

… y es que un estúpido lee la frase que titula este capítulo y se queda en blanco, con ese gesto bobalicón que les caracteriza, pero un verdadero idiota esboza una sonrisa, quizá de felicidad.


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Posted in: Sobre la idiotez