Un pintor.

Posted on febrero 3, 2011

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Un pintor en su estudio. Paleta, óleo, carboncillo, pinceles, trementina, caballete, manchas, silencio y paciencia. El sonido de los pinceles extendiendo la pintura por el lienzo es el ruido que emiten unos pies untados en manteca desperezándose contra las sábanas. Pequeñas y grandes pinceladas surcan la tela blanca, lenta y profundamente. https://i0.wp.com/eyecreative.es/wp-content/2007/10/el-pintor-de-monolito.jpg

El artista para y camina lentamente dos pasos hacia atrás mirando en dirección opuesta al cuadro. Gira pausadamente. Mira el cuadro. Camina dos pasos hacia delante y cogiendo la paleta, mezcla el verde y el rojo para crear un negro casi ocre y ríe.

Mientras todo esto ocurría un hombre negro mira por la ventana.

Las pinceladas cada vez son más rápidas, al pintor no se le borra la sonrisa de la boca, pinta y ríe, pinta y ríe. El cuadro es ahora más difuso, los golpes de color son largos, desgastados hasta acabar con todo resquicio de producto de las cerdas del pincel.

Ahora son dos hombres negros los que miran la escena. No hablan entre ellos. Uno pega la nariz contra el cristal, hundiendo ojos dentro de las cuencas.

La paleta se seca y debe ser completada con nuevos colores, pero el artista no es consciente. Aplasta el pincel contra la paleta vacía que sostiene en la mano y vuelve rápidamente al lienzo, no hay tiempo para distracciones. Los colores impregnados en el lienzo, todavía frescos, se borran y son esparcidos a nuevos lugares.

Los hombres negros, ahora, cantan. Ambos tocan panderetas hechas de huesos, cómo en un rito vudú. Un tercer hombre se acerca y, al igual que los otros dos, se convierte en partícipe de la escena. Los negros al verle se asustan, aúllan y lloran. El que al principio pegó su cara al cristal golpea violentamente al otro negro con la pandereta, enzarzándose los dos en una brutal pelea. El tercer hombre sigue impasible.

El pintor comienza a gritar. Cierra los ojos y lanza feroces golpes de pincel contra el lienzo, este empieza a resquebrajarse.

Los hombres negros ahora se besan en las mejillas, casi cayendo en la cuenta de una ancestral hermandad que les une. El tercer hombre lame los cristales con tesón, en una empresa considerada vital para él.

Un cuarto hombre observa a los tres hombres de la otra parte del cristal. Pasa de largo.

El pintor derriba el caballete que contiene el lienzo destrozado, pero no cesa en sus pinceladas. Grita, chilla, brama, se desgañita. Los brazos se le agarrotan, se le endurecen los gemelos, suda como un animal, los pies comienzan a sangrar debido al roce con el suelo y las sacudidas que su cadera crea desde debajo del torso. Cae al suelo.

El tercer hombre rompe el cristal y empieza a bailar en torno al pintor que todavía se zarandea en el suelo.

Los negros hace tiempo que se fueron.

“La pintura ilustra un hecho demasiado frecuentemente ignorado por los historiadores”

Aldous Huxley

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Posted in: Historietas