Un sueño sobre un chino en dos partes (parte I)

Posted on julio 24, 2011

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PARTE PRIMERA

Lee se propuso saber quien era. Cada día se miraba al espejo y éste le devolvía la imagen de un hombre asiático, de pelo corto y negro, con unos pómulos ligeramente salientes bajo dos ojos no demasiado rasgados. Aquel era el reflejo de un cuerpo delgado y de baja estatura, que siempre vestía ropas de colores sencillos y planos.

Pero Lee solo hablaba inglés, sus padres murieron antes de poder enseñarle el idioma ancestral de sus antepasados y lo más cerca que había estado de la cultura oriental era regentar el bar de comida china en el que trabajaba cómo cocinero.

Un día y casi sin haberlo planeado decidió viajar a Yueyang, el pueblo de sus padres. Lee no comentó nada a ninguno de sus compañeros de trabajo ni a ninguno de sus amigos. Compró el billete, montó en el avión y emprendió una especie de viaje espiritual.

Llegó a Pekín hacia el mediodía, después de cruzar el océano pacífico apenas le quedaban fuerzas para correr, pero tuvo que hacerlo para coger el tren a la provincia de Hunan.

Hacia el amanecer, después de viajar en autobús hasta Yun y de ahí parar un carro tirado por bueyes, por fin comenzó a divisar una pequeña comunidad rodeada por un río y hundida dentro de un profundo valle. Había llegado a Yueyang.

Aquel pueblo era patéticamente típico, digno de una película de Kung Fu vomitada por el peor productor de Hollywood. Humildes y frágiles casas salpicaban apenas diez calles pavimentadas con barro. Alrededor de éstas un sinfín de arrozales infestados de campesinos trabajaban con las manos y los pies metidos en aquellas aguas negras.

Lee caminó por la calle sin rumbo, nadie hacía caso de su presencia, nadie se paró a preguntarle quien era, nadie le miraba a la cara; simplemente no existía. Cuando intentó preguntar a los pueblerinos si sabían algo de su familia, que emigró de allí hace 35 años, la gente se apartaba de su camino incluso antes de que abriera la boca.

Comió unas cuantas conservas que llevaba en la mochila y paseó por el pueblo en busca de información. Entró en una casa construida de ladrillo, techada con tejas y con un coche en la puerta, pensó que aquella sería lo más parecido a un edificio oficial que habría allí. En un mandarín sacado de la guía de viaje y gesticulando torpemente consiguió hacer entender al hombre uniformado que se encontraba sentado rodeado de papeles que venía de Estados Unidos y que buscaba información sobre su familia. Aquel hombre asentía constantemente y cuando Lee dejó de hablar asintió por última vez y salió de aquel edificio.

Lee salió detrás de aquel hombre que posicionándose en medio de la calle comenzó a gritar a las casas unas palabras en chino. Al de diez minutos todo el pueblo se congregó en torno a aquel hombre. Lee se acercó tímidamente ya que la multitud le miraba de arriba a abajo mientras discutían acaloradamente unos con otros.

Un anciano se mantenía en silencio fuera del bullicio, éste le mirada con semblante tranquilo y caminando lentamente se puso al lado del hombre que congregó a todo el pueblo y miró a la multitud en silencio. El murmullo cesó de inmediato.

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